Catálogos astronómicos: la explicación a denominaciones tan extrañas

¿Por qué la ciencia se complica tanto en nombrar a los objetos astronómicos con nombres tan extravagantes?

Catálogos astronómicos: la explicación a denominaciones tan extrañas

¿Sabías que la famosa estrella Polaris también se llama Alruccabah, Cynosura, Mismar, Navigatorio, Phoenicce, Estrella Polar, Tramontana y Yilduz?

Hace miles de años, cuando los primeros seres humanos se atrevieron a preguntarse qué era lo que veían en el cielo, solamente podían apreciar algunos centenares de objetos: el Sol, la Luna, y el resto de estrellas.

Así, no era un problema para ellos nombrarlos, por lo que el mismo cuerpo celeste recibió diferentes nombres según la cultura.

Un buen ejemplo de esto es Betelgeuse. El nombre “original” de la estrella era  el árabe يد الجوزا, que significa “La mano de Jauza” (o yad al-jawzā). Luego, durante la Edad Media, el nombre fue transcrito al latín y el carácter arábigo “Ya” fue malinterpretado como “Ba”, por lo que la estrella pasó a llamarse Bedalgeuze.

Luego, durante el Renacimiento, los eruditos que estudiaban la cultura árabe llegaron a la conclusión de que en realidad el nombre originario sería Bait al-Jauza, es decir, “hombro de Jauza”. Por esto, se tomó el nombre definitivo como Betelgeuse.

Pero… ¿nombre definitivo? En astronomía, hablar de algo definitivo no sería certero.

Los nombres de las estrellas

A medida que pasó el tiempo y el ser humano comenzó a trasladar su innata curiosidad e imaginación a las profundidades del cielo, los objetos pasaron de ser unos cientos, a miles.

Incluso, las estrellas que y constelaciones que podían ser vistas eran tantas que en 1603, solo seis años antes de la presentación del telescopio de Galileo al mundo, el astrónomo alemán Johann Bayer ideó un sistema que cogía el nombre de una constelación y luego se le asignaba el nombre a las estrellas de la región siguiendo el alfabeto griego en orden descendente de acuerdo a las estrellas más brillantes.

Por ejemplo, en la constelación de Centauro la estrella más brillante es Alfa Centauri, la segunda Beta Centauri, Gamma Centauri, y así sucesivamente.

Por supuesto que había algunas excepciones. Por ejemplo, las estrellas de la Osa Mayor no recibieron su nombre por su brillo, sino por su posición. Delta Ursae Majoris es mucho más tenue que Epsilon, Zeta o Eta Ursae Majoris y, sin embargo, su letra greiga es más “alta”.

El alfabeto griego tiene 24 letras, mientras que algunas constelaciones superan exageradamente este número. Entonces, como era de imaginar, las letras para nombrar a todas las estrellas se iban a quedar cortas.

Alfa Centauri A (izquierda) y B (derecha) fotografiadas por el telescopio espacial Hubble. Junto a la enana roja Alfa Centauri C, conforman el sistema estelar (triple) más cercano a la Tierra. Crédito: NASA / ESA / Hubble.

Ante esa situación, el astrónomo británico John Flamsteed publicó, en 1725, su propio catálogo (llamado, claro, Flamsteed), que ordenaba las estrellas de oeste a este en lugar de por su brillo. Así, la estrella más al oeste en la constelación de Centauro se llamaba 1 Centauri, 2 Centauri, etcétera.

En la actualidad, la comunidad astronómica continúa utilizando este sistema, pero sustituyendo los números por las letras griegas empleadas por Bayer.

De esta manera, se puede referir a una misma estrella – hasta aquí – de tres maneras. Por ejemplo, Deneb (árabe); Alfa Cygni (catálogo de Bayer) y 50 Cygni (catálogo de Flamsteed).

Todo parecía ir de maravilla, hasta que los nuevos instrumentos introducidos por la ciencia le mostraron a la Humanidad todo un “mundo por conocer”.

ison comet
El cometa ISON, atravesando el cielo en la constelación de Leo. La "raya" se debe al paso del satélite italiano SkyMed-2. Crédito: NASA/MSFC/Aaron Kingery.

La invención del telescopio, permitió a los astrónomos observar estrellas que son demasiado tenues para ser apreciadas a simple vista, por lo que el sistema de Flamsteed también se quedaba parvo.

Luego ya se puede dar una idea de lo que sucedió: a medida que se iba ampliando el número de objetos astronómicos, iban apareciendo más y más catálogos o sistemas de denominación, cada uno con características que parecían ser las adecuadas para señalar innumerables objetos, hasta que aparecía un nuevo descubrimiento que lo negaba.

Por ejemplo, el catálogo de Bonner Durchmusterung (abreviado BD, compilado por Frierdich Wilhelm Argelander, Adalbert Krüger y Eduard Schönfield entre 1859 y 1862), denominaba a las estrellas de acuerdo a su declinación; mientras que el catálogo de Henry Draper (que de aquí surgen las famosas letras HD) enumera las estrellas en orden de descubrimiento.

Luego, con las constantes – y revolucionarias – mejoras tecnológicas, el poder de los telescopio aumentó y – spoiler – el número de objetos también.

En la actualidad, se utilizan catálogos generados por ordenador con base en datos obtenidos por telescopios.

La famosa y ya no misteriosa estrella de Tabby, por ejemplo se denomina KIC 8462852, es decir, se utiliza el catálogo Kepler Input Catalog para denominarla. ¿Y cuántas estrellas tiene el KIC? Unas 13 millones.

Por otra parte, también está, por ejemplo, el Guide Star Catalog (GSC), que cuenta unos 20 millones de objetos y divide la denominación de una estrella señalando, en el primero grupo de números, a una región del cielo.

Un ejemplo de lo anterior es GSC 01718-02350. Asimismo, esta misma estrella también se denomina HR 8799, V342 Pegasi, BD+20 5278, FK5 3850, GC 32209, HD 218396, HIP 114189, PPM 115157 y SAO 91022. Y podríamos llamarla de otras manera según el catálogo que estemos utilizando.

Y, por supuesto, hay catálogos muchos más grandes, como la versión 2 del Guide Star Catalog (GSC II) que contiene más de 900 millones de objetos astronómicos individuales, o el 2MASS (Two Micron All-Sky Survey), un proyecto que funcionó entre 1997 y 2001 y que llegó a recolectar hasta 300 millones de objetos.

¿Y las supernovas?

Los nombres de las supernovas son… más sencillos.

Por norma, todos los descubrimientos son reportados al Central Bureau for Astronomical Telegrams de la Unión Astronómica Internacional. Su denominación está formada por el año en que se descubrió, seguido de una designación de una o dos letras.

Las primeras 26 supernovas del año reciben una letra en mayúsculas, de la A a la Z. Luego, se emplean parejas de letras minúsculas: “aa”, “ab”, etcétera.

Solo cuatro supernovas históricas son conocidas simplemente por el año en que ocurrieron: SN 1006, 1054, 1572 y 1604.

Las letras SN se utilizan delante, por convención.

Otra vez, por convención, a partir del año 1885 se comenzó a introducir las letras, sin importar que durante algún año haya habido una única supernova. Ejemplo de esto son las SN 1885A y 1907A.

Y… ¿cuántas supernovas se detectan por año? En promedio, 500

Un ejemplo de todo lo anterior es la supernova SN 2005ue, es decir, la supernova número 551 descubierta en 2006.

La supernova SN 1572, más conocida como Nova de Tycho, observada en rayos X por el Observatorio de rayos X Chandra. Crédito: NASA/CXC/Rutgers/J.Warren & J.Hughes et al.

¿Un cometa con tu nombre?

Vamos, que si la película Impacto Profundo con el cometa Wolf-Biederman no te ha hecho un spoiler, estás a punto de enterarte.

Durante los últimos dos siglos, ante la falta de un convenio de nomenclatura sistemática, los cometas han sido nombrados de distintas maneras.

El primero en ser nombrado fue el célebre cometa Halley. Dato: el objeto recibe su nombre por Edmond Halley, que no fue su descubridor (existen registros documentados desde el 239 a.C.) sino la primera persona en calcular de manera precisa su órbita de 75,3 años.

Al igual que el Halley, el cometa denominado oficialmente 2P/Encke recibe su distinción por Johann Encke, no por su descubridor, Pierre Méchain.

Entonces, desde el siglo XX – y por convención – los cometas se nombran según sus descubridores. Eso sí, se nombran luego de que el mismo objeto sea avistado por tres descubridores independientes.

Luego – con pruebas sobre quién fue primero mediante – se puede denominar al objeto con cualquier nombre, aunque usualmente se lo nombra con el nombre del descubridor o el instrumento con el que fue detectado ya que, muchas veces, detrás de un descubrimiento hay un gran equipo de científicos.

Esto último es justamente el caso del actual visitante NEOWISE, que adquiere su nombre de la misión WISE, lanzada en 2009 y que consiste en un telescopio espacial astronómico de longitud de onda infrarroja. 

Posteriormente, en 2013, la misión fue reactivada y actualizada, por lo que se la llamó… NEOWISE, y ha sido este instrumento el responsable de captar por primera vez al cometa en cuestión el 27 de marzo del corriente año.

Pero, ¿sabías que, en realidad, el cometa NEOWISE es designado oficialmente como C/2020 F3?

En términos técnicos, los cometas también son designados por una denominación provisional. Así, hasta mitad de la década de los 90s se les daba el año seguido de una letra minúscula que indicaba el orden de descubrimiento. Por ejemplo, el cometa Bennet 1969i fue el noveno detectado en 1969.

El problema surgió en 1987, cuando se descubrieron más de 26 cometas y el abecedario tradicional se quedó corto, por lo que se comenzó a aplicar un subíndice 1. En este sentido, el año récord fue 1989, que se llegó hasta el cometa 1989h1, es decir, ese año se descubrieron 34 cometas.

Por esta razón, en 1994 la Unión Astronómica Internacional actualizó el sistema de nomenclaturas a un “nuevo estilo”.

Desde entonces y hasta la actualidad, los cometas son designados por el año de su descubrimiento seguido de una letra que indica la mitad del mes del descubrimiento. A para la primera quincena de enero; B para la segunda; D para la segunda quincena de febrero, y así, seguido de un número de orden de descubrimiento.

Además, también se añaden prefijos para indicar la naturaleza de la órbita del objeto: P para cometa periódico; C para un no-periódico; X para uno al que aún no se ha calculado su órbita con precisión; D para un cometa partido, roto o al que se le ha perdido el rastro; y A para un cuerpo sobre el que se pensó que era un cometa, pero resultó siendo un asteroide.

Asimismo, los cometas periódicos también tienen un número que indica el orden de su descubrimiento. Por ejemplo, el Halley es denominado 1P/1682 Q1.

Con todos estos datos, ahora podemos deducir que el cometa NEOWISE – C/2020 F3 – es un objeto no-periódico y se trató del tercer cometa descubierto en la segunda quincena de marzo de 2020.

El cometa Hale Bopp fue el gran protagonista del siglo pasado. Pudo ser observado durante 18 meses y fue llamado el Gran Cometa de 1997. Crédito: Philipp Salzgeber

¿Y las galaxias?

Al igual que las estrellas, las galaxias tampoco tienen nombre propio. Aunque claro, existen algunas excepciones, como Andrómeda, en las que prima su nombre tradicional por sobre NGC 224, Messier 31 o Galaxia Espiral M31, entre otros.

Es que hace tiempo, durante el siglo XIX, la naturaleza de las galaxias era desconocida, por lo que normalmente se agrupaba a los grandes cúmulos abiertos, nebulosas y galaxias en el catálogo Messier, una lista de 110 objetos confeccionada por el astrónomo francés Charles Messier.

Actualmente, el Nuevo Catálogo General (NGC, por sus siglas en inglés) es el más famoso en la astronomía, y agrupa a casi 8.000 objetos difusos, desde nubes estelares a galaxias.

Y, como era de imaginar, otros catálogos, como el PGC (Catálogo de Galaxias Principales) que incluye 73.197 galaxias; el UGC (Catálogo General Uppsala), que contiene a 12.921 galaxias visibles desde el hemisferio norte; o el IC (Catálogo Índice, oficialmente Catálogo índice de Nebulosas y Cúmulos de Estrellas), que lista 5.386 objetos, son otros utilizados por astrónomos de todo el mundo.

Como se ve, al igual que las estrellas, una misma galaxia también puede ser llamada de numerosas maneras según el catálogo que se esté empleando.

La galaxia de Andrómeda se encuentra a 2,5 millones de años luz de la Vía Láctea, y se estima que se fusionará con nuestra galaxia en unos 5.860 millones de años, dando origen a Lactómeda Crédito: Boris Štromar

Y, por supuesto, aún quedan los planetas, asteroides y cuerpos menores. Pero eso es para otra ocasión.

Fuente: Astrobitácora | Universe Today | Web Archive, Star Names | Web Archive, UAI | UAI | Web Citation

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