Arecibo: un símbolo de la ciencia nunca muere

El pasado 1 de diciembre, el célebre e histórico Observatorio de Arecibo colapsó. Pero su legado está más vivo que nunca.

Arecibo: un símbolo de la ciencia nunca muere

El pasado 1 de diciembre, el histórico y célebre Observatorio de Arecibo (NAIC) colapsó, luego de que semanas antes dos de sus cables cedieran.

El 10 de agosto de este año, uno de los tres cables principales unidos al domo gregoriano (la enorme estructura que se encontraba suspendida sobre el disco principal) se cortó, generando una grieta de más de 30 metros y destruyendo 8 paneles del receptor y decenas del plato.

¿La causa? No está clara. Algunos expertos apuntan al deterioro generado por los años en una mezcla con falta de mantenimiento, o bien por el desgaste y el estrés absorbido por el cable luego del reciente paso de la tormenta tropical Isaías.

Arecibo era resistente. En 2017, soportó el huracán María, aunque también resultó dañado al romperse una de las líneas auxiliares de energía y, también, caer sobre el disco. No obstante, el daño fue mínimo.

Daños ocasionados por la caída de un cable principal el 10 de agosto de 2020.

National Science Foundation (NSF), un organismo gubernamental estadounidense que fomenta el desarrollo de actividades científicas y de ingeniería no-médicas, había ordenado el reemplazo del cable roto. Pero ya era tarde.

El 7 de noviembre, un segundo cable principal se soltó y produjo nuevamente enormes daños.

Daños generados por la caída del primer cable el 10 de agosto.

Luego de un minucioso análisis realizado por tres empresas especializadas, la Dirección de ingenieros llegó a la conclusión de que repararlo no solamente sería una tarea titánica, sino también riesgosa para el personal.

Finalmente, el 19 de noviembre la NSF comunicó de manera oficial que el Observatorio iba a ser desmantelado

“Nuestro equipo ha trabajado incansablemente con la NSF en busca de maneras de estabilizar el telescopio con un riesgo mínimo”, explicó el presidente de la Universidad Central de Florida, uno de los tres entes que trabajaron en el análisis.

“Aunque este resultado no es en lo que habíamos estado trabajando, y estamos desanimados al ver un recurso científico  tan importante desmantelado, la seguridad es nuestra máxima prioridad“, añadió.

El Observatorio de Arecibo en todo su esplendor. Crédito: NSF

Finalmente, el 1 de diciembre, el cable principal restante no logró sostener el peso de las 900 toneladas de la cúpula gregoriana y cedió. Sucedió lo que más se temía.

La NSF publicó un impactante y desconsolador video en el que se observa el momento preciso del colapso; un dron se encontraba analizando, justamente, la situación del único cable principal.

Un gigante de la ciencia e ingeniería

Su imponente estructura y su enorme tamaño es comparable directamente a los logros realizados con este poderoso instrumento.

La construcción de NAIC (National Astronomy and Ionosphere Center) — un nombre que también se utilizó oficialmente para su denominación — comenzó en 1960, y fue impulsada por el profesor William Gordon, de la Universidad de Cornell.

En un principio, la idea era construir un reflector parabólico fijo, con una torre de 150 metros de altura con el propósito de estudiar la ionosfera.

No obstante, el investigador de ARPA (Advanced Research Projects Agency) Ward Low — amigo de Gordon — le hizo ver que un diseño de este tipo limitaría al radiotelescopio en otras áreas potenciales, tales como la ciencia planetaria, el estudio atmosférico y la radio astronomía en sí.

Gordon lo reconoció, y se puso en contacto con Phil Blacksmith, ingeniero de AFCRL (Air Force Cambridge Research Laboratory) quien con su grupo de trabajo sugirió un diseño con un receptor móvil, algo que — hasta el 1 de diciembre — distinguió a Arecibo de otros radiotelescopios como FAST, permitiéndole estudiar no solo el espacio profundo, sino también el orbital.

El domo gregoriano era controlado por 26 motores eléctricos, que movían el receptor y le permitía al radiotelescopio escanear distintas frecuencias y regiones del cielo.

Esta espectacular estructura de 900 toneladas de peso, se encontraba suspendida a 150 metros de altura sobre el disco reflector, sujetada por 18 cables (3 principales y 15 secundarios) unidos a dos torres de acero y concreto de 111,25 metros, y otra de 80,8 metros de alto.

El domo gregoriano, en plena construcción (1961).
La construcción del Observatorio de Arecibo comenzó en 1960 en un sitio natural donde había ocurrido un deslizamiento de tierra, lo que ofrecía una geometría única que se adaptaba a las dimensiones del proyecto.

Durante su vida, NAIC fue fortalecido tecnológicamente con varias modificaciones, siendo la primera de ellas en 1974, cuando se añadió una superficie de alta precisión al reflector principal. Luego, en 1997, se instaló una malla metálica alrededor del perímetro para protegerlo de interferencias y se instaló un transmisor de mayor poder.

El disco de 305 metros de diámetro situó al Observatorio de Arecibo en la cima de la ingeniería y la ciencia hasta su colapso. Incluso aún cuando fue superado en diámetro en 1974 por la construcción del radiotelescopio ruso RATAN-600 y FAST, en 2016.

Hasta su destrucción, hace unos días, el radiotelescopio era uno de los instrumentos más poderosos y versátiles del mundo.

Aprovechando sus dotes, en 1974 Frank Drake y Carl Sagan enviaron el famoso Mensaje de Arecibo, una señal de 1679 bits dirigida al cúmulo M13, hogar de unas 400 000 estrellas.

Asimismo, también fue empleado por numerosos científicos en estudios que marcaron un antes y un después.

En 1964 — un año después de su inauguración, Gordon Pettengill y su equipo logró determinar que el período de rotación de Mercurio no era de 88 días, como se creía, sino de 59.

Diez años más tarde, y haciendo uso de él, los astrónomos Joseph Hootn Taylor y Russell Alan Hulse descubrieron el primer púlsar binario, denominado PSR 1913+16 u objeto de Hulse-Taylor, lo que les valió el Premio Nobel de Física de 1993.

En 1989, los astrónomos Scott Hudson y Steven Ostro obtuvieron la primera imagen de radar de un asteroide: el Castalia.

Primera imagen de radar del asteroide Castalia, descubierto por Eleanor Helin desde el Monte Palomar (Estados Unidos) el 9 de agosto de 1989.

Tres años más tarde, Aleksander Wolszczan descubrió los dos primeros planetas extrasolares en orbitar un púlsar, denominado PSR B1257+12 o púlsar de Lich.

Representación artística de los dos planetas orbitando el púlsar de Lich. Crédito: NASA/JPL-Caltech

Más recientemente, en 2016, Arecibo aún demostraba su increíble poderío al detectar la primera ráfaga rápida de radio (FRB) repetitiva. Fue descubierto por McGill Paul Scholz.

En la cultura popular

Su gigantesca estructura no solo era utilizada por los astrónomos, sino también por directores de cine.

El Observatorio de Arecibo fue utilizado para la película de James Bond: GoldenEye (1995) en una espectacular escena de acción protagonizada por James Bond (Pierce Brosnan) y Alec Trevelyan (Sean Bean), en donde el domo gregoriano cobra protagonismo.

James Bondo y Alec Trevelyan luchando en una recordada escena de GoldenEye sobre la parte inferior del domo gregoriano.

En el episodio “Little Green Men”, de los Expedientes Secretos X, el Observatorio de Arecibo es la locazicón a la que es enviado Fox Mulder con el objetivo de mantener contacto con vida extraterrestre.

Asimismo, el emblemático sitio también fue escenario de la película Species (1995) y la memorable Contacto (1997) protagonizada principalmente por Jodie Foster y Matthew McConaughey.

Cómo no, los videojuegos tampoco iban a quedar afuera. En Battlefield 4, existe un mapa llamado Transmisión Rebelde que está basado en el observatorio.

Observatorio de Arecibo.

Un legado que nunca morirá

¿Elon Musk, Bill Gates, o tal vez alguna campaña dirigida por Neil deGrasse Tyson, Michio Kaku u otras personalidades del mundo de la ciencia lograrán aportar económicamente para su reconstrucción?

No tenemos la respuesta a lo anterior. Lo que sí sabemos es que el Observatorio de Arecibo siempre será gigante, no solo por lo que fue su colosal estructura, sino porque representó durante casi seis décadas el espíritu de la ciencia.

Y nunca morirá. Un símbolo de la ciencia nunca muere.

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